NUEVA ESPAÑA
El virreinato de Nueva España fue una entidad
territorial integrante del Imperio
español, establecida por la Corona durante la etapa de su dominio en el Nuevo Mundo,
entre los siglos XVI y XIX.
Fue creada tras la conquista de los pueblos indígenas establecidos
en la zona meridional de América del Norte.
La conquista se inició en 1519 y propiamente no
concluyó sino hasta mucho después, pues el territorio de Nueva España siguió
creciendo hacia el norte, a costa de los territorios de pueblos indígenas del
desierto, algunos de los cuales nunca fueron sometidos por los españoles. La
conquista de Nueva España tuvo uno de sus momentos más importantes con la
derrota de México-Tenochtitlan por parte de las tropas de Hernán Cortés en 1521. El virreinato de
Nueva España fue creado oficialmente el 8 de marzo
de 1535.
Su primer virrey fue Antonio de Mendoza y Pacheco, y la capital
del virreinato fue la Ciudad de México establecida sobre la antigua Tenochtitlan.
El virreinato de Nueva España llegó a abarcar los territorios
de España en Norteamérica, Centroamérica,
Asia y Oceania.

En 1518 Juan de Grijalva llegó a Campeche
y Tabasco.
En este último lugar se entrevistó con el cacique
o gobernador maya Tabscoob y escuchó acerca de una ciudad poderosa, capital del
imperio más grande de Mesoamérica, la Gran Tenochtitlan, culminando su viaje en Veracruz.
En 1519,
bajo la designación de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba (llamada entonces
Fernandina, en honor al rey de Aragón),
Hernán Cortés zarpó y llegó a territorios
recién descubiertos en febrero. En marzo arribó a Tabasco
en donde derrotó a los indígenas en la Batalla de
Centla, fundando la villa de Santa María de la Victoria que sería la
primera población española en la Nueva España. Es aquí donde le es obsequiada Malintzin,
que sería su gran traductora y pieza clave en la conquista. Continuó su viaje y
fundó La Villa Rica de la Veracruz en territorio azteca, primera villa europea
institucionalizada en el Nuevo Mundo.
El 8 de noviembre Cortés llegó a
México-Tenochtitlan.
Los misioneros catolicos
En el siglo XVI, los españoles al mando de Hernán
Cortés conquistaron a los mexicas y se hicieron de sus propiedades. La labor
misionera de la Iglesia Católica se inició con el arribo de las órdenes mendicantes:
franciscanos, dominicos y agustinos, quienes evangelizaron partiendo del
Altiplano Central hacia fuera las localidades más pobladas y creando nuevas en
donde eran dispersas. En el transcurso de la segunda década de tal siglo, Cristóbal de Olid, Pedro de
Alvarado y Nuño Beltrán de Guzmán se apoderaron de
gran parte del territorio mexicano, salvo el norte del país, donde las tribus chichimecas
perduraron hasta principios del siglo XVII,
cuando fueron casi exterminadas. En ese mismo siglo, la labor de los frailes
llegados a Nueva España permitió extender los núcleos poblacionales a Nuevo León,
donde se fundaron Cerralvo, Cadereyta y Sabinas
Hidalgo.
En ese mismo período, la labor de los franciscanos
hizo posible la fundación de Paso del
Norte en 1682.
Carlos de Sigüenza y Góngora, intelectual
y geógrafo
mexicano, se dedicó a tareas de cartografía
en las Nuevas Filipinas (Tejas) y en el puerto de Panzacola,
donde se edificó el fuerte de San Carlos para defender la localidad de ataques
piratas.
La Compañía de Jesús sustituyó paulatinamente la
labor de los franciscanos, pero la amplió en el aspecto cultural y educativo. Eusebio Francisco Kino fue un misionero
nacido en Trento,
Italia,
y llegado a la Nueva España alrededor de 1680. Sus misiones se
difundieron por Sonora
y Arizona,
pero su mayor obra fue haber fundado Magdalena de
Kino, en el norte del territorio sonorense. Su trabajo de fundación
y conocimiento geográfico quedó resumido en la obra del también jesuita Francisco Javier Alegre, Los
apostólicos afanes, dedicada al Papa Benedicto XIV, y que fue publicada en Roma en 1749.
La labor de Kino inspiró a otros jesuitas para continuar
la obra de fundación, ya entrado el siglo XVIII,
con la fundación de San Antonio de Béjar y la bahía del Espíritu Santo ambas en Texas.
Pero en 1767,
Carlos III expulsó a los jesuitas de sus dominios por atentar contra las
doctrinas de la Iglesia y del rey, y sus antiguas misiones pasaron a ser de los
dominicos,
quienes las extendieron hasta Paraguay y Ecuador. Junípero
Serra, natural de las Islas
Baleares, fundó en Alta California
las misiones de San Diego de Alcalá, San Carlos Borromeo de Carmelo,
San Gabriel Arcángel, San Luis Obispo de Tolosa,
San Francisco de Asís y San Juan Capistrano, entre otras. El
italiano Peri recibió mandato de Pío VI
para evangelizar las tierras de Chihuahua, donde fundó en 179 la misión de San Luis Rey. La
labor de evangelización y población no se detuvo hasta 1830, cuando el Virreinato
no existía y ya habían logrado su independencia muchos de los países que lo
integraban.
El impacto
demográfico producido tras la conquista, fue enorme. Un alto
porcentaje de la población nativa había muerto a causa de las enfermedades
traídas desde Europa, tales como la viruela o la tuberculosis, y los sistemas de trabajo forzado a los que habían sido sometidos los indígenas
aceleraron el retroceso demográfico iniciado durante los primeros años de la
conquista. El asentamiento de
españoles y su posterior mezcla con los
nativos, dio origen a los mestizos, que se
convertirían en la raza predominante en la mayor parte de Latinoamérica.

En el plano
económico, en el Virreinato de Nueva España obtuvo
especial relevancia la minería y el comercio.
El descubrimiento de numerosos yacimientos mineros, captó la atención de la Corona, que se dispuso a explotarlos. Estas minas se nutrieron de pobladores locales, que buscaban una mejora de su calidad de vida. De estos yacimientos, se extraían materiales tales como oro, plata, cobre y hierro. La creación de ciudades mineras, en torno a las minas, produjo el surgimiento de nuevas explotaciones agrícolas y ganaderas dedicadas a su abastecimiento, que junto con la construcción de caminos para dar salida a la producción de las minas, se tradujo en un importante impulso económico. La mano de obra aborigen, que se veía sometida a un régimen de explotación, era la más empleada en esta actividad. La Corona aplicaba un impuesto, conocido como el Quinto Real, del 20% del producto extraído, apoyándose en una serie de bulas emitidas por el Papa Alejandro VI en 1494, mediante las cuales todo el suelo y el subsuelo conquistado en América, pertenecería a España.
El descubrimiento de numerosos yacimientos mineros, captó la atención de la Corona, que se dispuso a explotarlos. Estas minas se nutrieron de pobladores locales, que buscaban una mejora de su calidad de vida. De estos yacimientos, se extraían materiales tales como oro, plata, cobre y hierro. La creación de ciudades mineras, en torno a las minas, produjo el surgimiento de nuevas explotaciones agrícolas y ganaderas dedicadas a su abastecimiento, que junto con la construcción de caminos para dar salida a la producción de las minas, se tradujo en un importante impulso económico. La mano de obra aborigen, que se veía sometida a un régimen de explotación, era la más empleada en esta actividad. La Corona aplicaba un impuesto, conocido como el Quinto Real, del 20% del producto extraído, apoyándose en una serie de bulas emitidas por el Papa Alejandro VI en 1494, mediante las cuales todo el suelo y el subsuelo conquistado en América, pertenecería a España.
Todas estas reformas estuvieron orientadas a centralizar el poder administrativo en la corona y modernizar la estructura productiva mediante la puesta en
práctica de las ideas ilustradas
que durante esos años influenciaron a buena parte de los monarcas europeos.



